Karlota Laspalas, diseñadora y docente: “Soy muy escéptica sobre posibles cambios de conducta en el consumo. Cuanto más empobrecida esté la sociedad, mayor demanda de productos de peor calidad habrá”.

En FASHIONontheRADAR empezamos una serie de conversaciones con los sujetos que están en la primera línea de la moda, aquellos que tratan con el consumidor directamente: los responsables de las tiendas de moda. Queremos comenzar con Fragment, todo un referente en Pamplona dirigido por una de las diseñadoras de moda masculina más potente de la escena española.

Por Agustín Velasco.

Karlota Laspalas es una de esas fuerzas ‘silentes’ de la moda nacional que representa las múltiples dimensiones desde la que esta puede ser considerada: diseñadora, empresaria del retailer y docente. Aunque ahora esté mas centrada en su carrera docente como profesora en Creanavarra Centro Superior de Diseño, en Pamplona, Karlotalaspalas (y escribo bien, todo junto) es un referente del diseño de moda masculina contemporánea desde su lanzamiento en 2009. “En estos días de confinamiento estoy con las niñas en casa y teletrabajando como profesora que soy. Mi faceta de diseñadora la tengo más apartada ahora mismo, estoy más centrada en la escuela y en la tienda, en la vendo colecciones de otros”.

La reapertura de las tiendas supone un esfuerzo organizativo y logístico notable que, unido a la incertidumbre de cómo reaccionará el consumido, dibuja un escenario poco halagüeño. “No tiene buena pinta, pero tampoco podemos hacer mucho más que abrir y ofrecer lo mejor de nosotros. Espero que nuestros clientes estén con nosotros. Tomamos todas las medidas sanitarias y de acceso para garantizar la mayor seguridad en la tienda. Por suerte, o no, en ese sentido nunca ha sido un negocio abarrotado de gente. Confiamos en que, si la dinámica sigue siendo positiva, los clientes vuelvan poco a poco a las tiendas”. 

Fragment es la concept store que Karlota cofundó hace ya siete años para ofrecer al público no sólo sus colecciones, sino todo el universo creativo, de pasiones y obsesiones que la rodea, sea de quien sea, venga de donde venga. Ella se muestra confiada en que la ‘nueva normalidad’ no afecte en gran medida la filosofía y el modo de trabajo que han hecho de la tienda un referente del diseño en Pamplona. “Nos dejamos guiar por nuestro olfato. Queremos aportar calidad. Buscamos diseño, funcionalidad, depuración en las formas y conceptos, calidad en los materiales, cuidado en los procesos de producción, pero no solamente porque éticamente nos parezca más adecuado” nos explica Karlota. “El producto es mejor y eso tratamos de explicarlo al cliente, que lo entiende rápidamente porque la diferencia es notable a simple vista, ya no te digo con el uso y el paso del tiempo. Aun así, Fragment sigue siendo una miscelánea de muchas cosas. Siempre estamos en busca de nuevas cosas que nos motiven y que sean adecuadas para ofrecer a nuestros clientes”.

Fragment. C/ Nueva, 4, 31001 Pamplona (Navarra). Foto: Miguel Goñi

Lo cierto es que la dinámica en que nos encontramos sumergidos, sobre cuando eres padre, no ayuda a la reflexión desde la tranquilidad y el sosiego. “Tenemos tres hijas pequeñas de seis años, tres, y una recién nacida. Ahora mismo, mientras contesto tus preguntas, las dos mayores están corriendo desnudas mientras mi pareja trata de llevarlas a la bañera. Estamos muy preocupados por la situación, pero no hemos tenido tiempo ni de reflexionar sobre ello, ni sobre nosotros mismos. Espero que más adelante tengamos cinco minutos” nos cuenta con ese punto irónico y divertido. “No tengo ni idea como va a ser el próximo curso. Esperamos que podamos volver a la vieja normalidad y olvidarnos de la nueva. Seguro que la vieja tenía defectos, pero me temo que la vamos a echar de menos”. Karlota sin embargo no cree que el impacto de la pandemia de coronavirus termine teniendo un efecto en los patrones de consumos que redunden en unos hábitos más sociales y responsables. “Hay una concienciación mayor en casi todas las sociedades sobre los sistemas actuales de producción y sus consecuencias, pero al mismo tiempo, soy muy escéptica sobre posibles cambios de conducta en el consumo. De hecho, pienso que cuanto más empobrecida este la sociedad, mayor demanda de productos de peor calidad habrá sin mirar las consecuencias que eso produce. Y el escenario actual no es muy halagüeño. Si esa es la demanda, la mayoría de estudiantes tendrán que trabajar para empresas vinculadas a estos sistemas de producción”. 

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