No podemos a hacer de las mascarillas un accesorio ‘fashion’ en estas circunstancias

Por Agustín Velasco.

Quede claro por adelantado que no me parece bien nada que tenga que ver con el coronavirus que ha desatado esta pandemia y nos tiene confinados. Pero si algo había puesto de manifiesto el Covid-19 era su carácter ‘democrático’ e ‘igualitario’: no importa si eres rico o pobre, no hay tratamientos caros o baratos, más efectivos o menos, todos estamos bajo la misma espada de Damocles, sin distinciones. Pero una vez más, el sector del lujo se empecinó en evidenciar que no, que siempre hay clases, y que mientras la gente normal debe conformarse con las mascarillas que van llegando a sus manos (o se fabrican ellos) a los precios que quieran llegar, los acaudalados siempre tendrán una opción premium.

Justo al empezar el confinamiento y se intuyera prescriptivo llevar mascarilla al salir a la calle, pudimos ver como los medios sacábamos a la luz las opciones de mascarillas de lujo de Louis Vuitton, Fendi, Off-White… (posiblemente creadas mucho antes de que se desatara el coronavirus). Y de pronto percibimos que había algo de inmoral en eso, es hacer ostentación de las diferencias sociales en una crisis tan grave y profunda como la que vivimos. No es de extrañar que las firmas de moda que las tenían a la venta (con precios que podían llegar a los 200 euros) se hayan adelantado a la lapidación social y se hayan apresurado a retirar dichos productos de sus webs comerciales.

Tener una alta capacidad adquisitiva no es malo. Ejercerla es sano para la economía. No pasa nada por hacer patente que puedes permitirte llevar un bolso de 3.000 euros. Pero no se puede frivolizar con un producto que ahora mismo va mucho más allá de la categoría de ‘primera necesidad’.

Muchas firmas han comprendido lo peligroso que es jugar con esto y han puesto sus esfuerzos en producir mascarillas… pero remarcando su falta de interés económico, como New Balance, que el pasado 3 de abril emitía una nota de prensa en la que afirmaba estar en ese empeño de fabricar mascarillas: “Supervisadas por instituciones médicas y equipos de I + D locales, New Balance produjo su primer prototipo hace menos de una semana. Para mediados de abril, el objetivo es hacer hasta 100.000 unidades semanales entre nuestras fábricas de Lawrence, Massachusetts y Norridgewock, Maine”. Pero se apresuraba a aclarar un párrafo más abajo que estaban destinadas al personal médico de primera línea y que “esta iniciativa no se trata de la búsqueda de una oportunidad comercial. NB pretende realizar la entrega mediante donaciones directas o con precios que cubran el coste de fabricación. Además, este proyecto ha permitido mantener a muchos de nuestros trabajadores orgullosamente comprometidos en sus puestos de trabajo durante esta crisis económica y de salud pública, mientras que nuestros clientes tradicionales, los minoristas, están cerrados debido a la pandemia de COVID-19”.

Desde FASHIONontheRADAR aplaudimos a todas las empresas y particulares que se han puesto a producir mascarillas frente a la evidencia de que un sector estratégico como este se ha convertido en totalmente dependiente de la fabricación china, en muchos casos sujetas a políticas especuladoras y con pocas garantías, como se ha venido demostrando. Por poner algunos ejemplos: Lodi, la marca de calzado alicantina, ha estado elaborando en sus instalaciones de Elda miles de mascarillas para abastecer todas las residencias de ancianos de la provincia de Alicante y distribuirlas por distintos hospitales del país; el taller de Sedomir Rodríguez de la Sierra paralizó la elaboración de su colección de vestidos de fiesta para ponerse a producir mascarillas de prevención de algodón 100% reutilizables a petición de los centros de mayores del norte de la isla de Tenerife; los asociados de ACME (Asociación de Creadores de Moda de España) también se han puesto manos a la obra para fabricar un total de 70.000 mascarillas entre todos; por no nombrar a todos esos pequeños talleres y costureras que desde su casas y con sus propios recursos han aliviado la escasez de este producto en sus entornos más inmediatos confeccionando mascarillas artesanales.

De todas formas, ya se está generando una nueva industria que tiene como eje este producto de salud pública y que pretende convertir a la mascarilla facial (sin entrar en que grado de homologación sanitaria) en un complemento de moda, que exprese quién eres, tus ideas y tus afinidades estéticas, así como tu posición social. Desde FASHIONontheRADAR deploramos cualquier iniciativa que intente mercantilizar la actual necesidad. Entendemos que el ser humano se encuentra en constante exploración de su individualidad y que es inevitable que en algún momento, si han de convertirse en parte de nuestra cotidianidad, se demanden mascarillas ‘de diseño’ que expresen cómo es y cómo siente quien la lleva, pero NUNCA antes de que su demanda básica sea satisfecha de forma completa, constante y a precios justos. Cualquier mascarilla ‘fashion’ que el mercado ofrezca no será más que una perversión de un sistema poco ético, y la ostentación de ella en redes sociales merece nuestra más profunda reprobación.

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